Autocuidado y Cura Personalis en el Profesorado Ucabista
El autocuidado más que una premisa en la vida de los trabajadores de una organización universitaria, también implica el compromiso de la institución al cuidado de los otros. En principio, se trata de una práctica orientada al desarrollo integral de la persona a partir de las dimensiones: física, emocional, cognitiva, sociocultural, social y ambiental y también implica la resolución de conflictos en una comunidad profesoral (Rejido 2024). Por tanto, su importancia depende de modo directo del valor de la persona a atenderse y comprenderse dentro de un continuo de relaciones dentro de un entorno saludable.
Si bien la UCAB ofrece a los profesores atención: psicológica (CADH), médica (Centro de Salud Santa Inés), recreativa (actividades deportivas y artístico-culturales), espiritual (asociadas a nuestras búsquedas internas) y profesional (con implicaciones desde unidades responsables de la formación y programas académicos), también es importante destacar que dentro de estos espacios abiertos de manera permanente se complementa con información actualizada en redes sociales a través de publicaciones (boletines, correos y/o podcasts). Pero, ¿qué aspectos deben considerarse con miras a la participación activa?
Como profesores encontramos ofertas coincidentes a las estudiantiles en tema de autocuidado. Si bien, la información, la asesoría y la atención están presentes, no siempre se cuenta con una participación activa del profesorado a menos que se ofrezca de manera sistemática y organizada a través de visitas y con la comunicación de unidades responsables. Así, por ejemplo, a través de la Dirección de Seguridad y Salud en el Trabajo se programa la Evaluación Médico Ocupacional a los profesores a tiempo completo y personal administrativo, pero en este grupo no aparecen los profesores a tiempo convencional.
Entonces es necesario, más allá de la oferta de jornadas para la salud, la creación de redes de cuidado promovidas para la inclusión del profesorado. Si bien, se cuenta con un calendario de eventos académicos pareciera que el desarrollo de campañas y actividades de extensión no están ligadas al quehacer de las Escuelas. Por un lado, favorecería la inclusión del bienestar en la práctica pedagógica y por otro tanto profesores y estudiantes colaborarían de modo directo en lugar de ser solamente receptores de información. Se apostaría por campañas para la prevención del cáncer de mama o grupos de apoyos familiares, por ejemplo, a partir de cátedras de las Escuelas de Educación, Psicología, Comunicación Social y Sociología, así como de programas del ITER.
Por otra parte, algunas prácticas en otros campus universitarios permitirían el enriquecimiento de acciones en la UCAB. A continuación se mencionan las siguientes:
- Programas de divulgación. Diseñados y desarrollados por educadores bajo la coparticipación de médicos y psicólogos de nuestra universidad. Entre la gama de temas podría considerarse Mindfulness.
- Promoción de aplicaciones. A partir de una revisión (concienzuda y razonada) los profesores de Ingeniería Informática pueden recomendar herramientas (aplicaciones) según el calendario de eventos de salud y en aras del aprovechamiento de la conectividad en nuestro campus.
- Generación de recursos en materia de autocuidado. Aquí se consideraría las guías, infografías, folletos, videos, podcast y comics.
- Brigadas de apoyo. La organización de estos grupos puede variar de acuerdo con las motivaciones. Así, es posible en materia de cáncer, considerar las herramientas desarrolladas por familiares para el acompañamiento a otros.
- Voluntarios del bienestar. Integrado por profesores y estudiantes de cada facultad de la universidad con el fin de generar espacios para el acompañamiento.
Del autocuidado y la visión de la enfermedad
Pese al esfuerzo identificado más allá de la ausencia de enfermedad también está cómo asumir la enfermedad en el núcleo familiar y en nuestra comunidad académica. No somos indiferentes ante el otro. Pero, es necesario insistir que no sólo la compasión es la única vía para acompañar.
Leer a Sontag (2003) nos sumerge en el mundo de las metáforas que construimos alrededor de las enfermedades, a pesar de los avances médicos. La vulnerabilidad, ante lo desconocido, nos revela un llamado profundo: cambiar no solo por nosotros mismos, sino también para acompañar a quienes atraviesan situaciones similares.
Especialmente pensando en la preparación de actividades formativas a los profesores es importante considerar algunas ideas, no necesariamente vinculadas a lo mórbido, pero sí al crecimiento y desmitificación de las enfermedades desde la esperanza y la fe. Entre las ideas señaladas por Sontang (2003) aparece de manera clara la significación de la enfermedad desde el terror en lugar de la sanación. Pero, más allá de esto, se interna en la elección correcta de las palabras y a la apuesta por el cambio al modo del personaje John Keating de La sociedad de poetas muertos: “No digan que un hombre está muy cansado, digan que está exhausto”. En lugar de la aflicción al enfermo es mejor la ayuda, o más que sostener mitos mejor aún formarnos para desmitificar, esto implica el trabajo por una comunicación efectiva y justa donde se respete la dignidad de la persona y la garantía por una interlocución amorosa con paciente-médico-familia ante un diagnóstico.
Comprender la salud y la enfermedad nos permite el ejercicio de la ayuda y el acompañamiento. De allí que sea silente o producto de una transparencia (radiografías), en pobreza y opulencia la indiferencia ni la lástima son el camino. Entonces, ¿cómo acercarnos a la idea de la vida a partir del cuidado de nuestro cuerpo, mente y alma lejos de romanticismos?, ¿cómo formarnos en una idea alternativa a la resignación cuando nos corresponde acompañar a otro? Definitivamente las palabras tienen un alcance y está en nosotros empalabrar a los otros desde una mirada más humana.
Si bien, convertirnos en sujetos activos y responsables de nuestra propia salud implica conocernos mejor y establecer límites, también supone un compromiso cotidiano (FUNDASIL, 2022). Cuidando a otros también concienciamos más el fortalecimiento o el despertar en nosotros mismos del cuidado de sí mismos. Si se trata de “despertar” entonces valdría preguntarse ¿en qué situación se encuentra la persona?, ¿se trata de un cuidador?, ¿cómo animar a un cuidador a mirarse a sí mismo?
Por otra parte, quien es responsable de la salud mira de un modo distinto la enfermedad. De modo que desafía las narrativas dominantes sobre la enfermedad y es capaz de construir una relación distinta consigo mismo al reconocer cuáles recursos cuenta para el autocuidado físico, emocional, social y espiritual. En caso de necesitarlos entonces pedir ayuda es la mejor opción.
¿Cómo cuidamos al profesorado?
En este texto se ha insistido en la relación entre las acciones desarrolladas por la UCAB a través de cuidadores (unidades) y cómo el profesorado aparece en primer orden como el principal foco de atención desde las líneas de planes estratégicos cuando se trata de formarlo integralmente.
Antes de llegar a una propuesta general de un taller para el autocuidado merece especial atención dos palabras: responsabilidad y libertad asociadas con la asunción del autocuidado en nuestras vidas:
a) somos responsables en el momento en que nos damos cuenta, en nuestra reflexión, de las consecuencias de nuestras acciones y de si queremos o no queremos esas consecuencias, y si actuamos de acuerdo a ese querer o no querer; y b) somos libres en el momento en que nos damos cuenta -en nuestras reflexiones sobre nuestro quehacer- de si queremos o no queremos nuestro querer o no querer las consecuencias de nuestras acciones, y desde allí actuamos de acuerdo a nuestro querer o no querer nuestro querer (Maturana,1992, p. 243).
Son pues estas dos claves formativas los puntos de partida, así como de alcance. Entonces, no dependerá necesariamente de otros la decisión de emprender las riendas del autocuidado aun cuando se persuada constantemente.
Ciertamente, la valoración de nuestro cuidado es un proceso de aprendizaje el cual implica cambios, reflexiones y transformaciones. Al principio puede verse como una interlocución entre cuidadores (responsables en nuestra universidad) siguiendo lineamientos de la OMS, planes estratégicos de la AUSJAL y de la corresponsabilidad de ofrecer al profesorado desde el sentido humano la atención a la persona.
Confiemos pues en la esperanza de ayudar a crecer a otros y de crecer nosotros mismos cuando deseamos y obramos con responsabilidad y libertad. Más allá de esto, los planes de carrera y de vida forman parte de una elección que nos afecta porque somos una comunidad en la cual todos cohabitamos. Pero, ¿por dónde empezar a cambiar las estrategias?, ¿cuáles oportunidades de mejora disponemos?
Después de estas propuestas y reflexiones invitamos a continuar apostando a la mejora desde nuestras imperfecciones humanas. No en vano la representación del profesorado universitario ha llegado a series como Merlí: Sapere aude donde ser profesor significa desafiar la intelectualidad e internarse en cada corazón para despertar y vivir.
Referencias
FUNDASIL. (2022). Manual de Autocuidado. https://www.unicef.org/elsalvador/informes/manual-de-autocuidado
Maturana, H. (1992). El sentido de lo humano. Ediciones Pedagógicas Chilena, S.A. https://convivir-comprender-transformar.com/wp-content/uploads/2012/08/Maturana-Romesin-H-El-Sentido-De-Lo-Humano.pdf
Rejido, G y Álvarez, C. (2024). Educación y salud mental: propuestas de autocuidado desde la perspectiva docente. Revista Educación, 48(2). https://revistas.ucr.ac.cr/index.php/educacion/article/view/58629/60767
Sontang, S. (2006). La enfermedad y sus metáforas. El sida y sus metáforas. Taurus.
Nota. Las imágenes de este documento fueron creadas con IA.